Arquitectura, blancura inmaculada, la arquitectura.
Sonido apagado sin autoría.
La construcción de sus muros desplegada en suave y leve pisada. Y en su despedida o atardecer: una inquebrantable paz de luz abrazada.
El arquitecto, en su medida, se ha acabado y solo se derrama su voz, apenas susurrada.
¿Dónde está la paz que añoró con empeño la ciudad enfurecida en su velocidad?
¿Y dónde quedó la arquitectura inmóvil, absorta y rendida ante la belleza desmedida de su alrededor?
La sierra está abrumada; su herrumbre celebra su victoria colorida y entrelazada.
Los hombres han dejado de construir, extinguiendo la hoguera de su vanidad, sin atisbo alguno de alfabeto y palabra.
Mientras el paisaje y sus criaturas se reinventan en la más hermosa de las sinfonías.

No hay comentarios:
Publicar un comentario